Juegos complementarios

Mariana Dávila

Los países hermanos comparten, desde su independencia e incluso antes de esta, no solo cercanía geográfica, sino también social y cultural.

La distancia entre Colombia y Venezuela parece aún menor cuando se estudia su tradición: son detalles, variantes o circunstancias contextuales las que revocan su total semejanza. Pareciera entonces que las fronteras se hubieran disipado al momento de conformarse las costumbres típicas de cada uno. Fue constante el intercambio entre las dos naciones y lo sigue siendo para aquellos que, habitando en una de las fronteras más largas de América Latina, perciben este límite como lo que es, solo una franja territorial imaginaria y, además, para otros que encontraron en el país de al lado un hogar lleno de oportunidades que el propio no le pudo dar.

Las disputas sobre lo que es meramente colombiano o venezolano, fuera de prejuicios y rivalidades, solo da prueba de su gran sincretismo. El hecho de que desde hace casi 200 años sean países independientes y por circunstancias políticas, económicas, sociales, hayan tomado rumbos y decisiones distintas, no niega la realidad de que lo que los sigue manteniendo unidos es su acervo tradicional y la riqueza en el intercambio de sus diferencias. La influencia mutua que tuvieron los países en la conformación de sus raíces folclóricas es indiscutible. En este sentido, se podría decir más bien que uno complementa al otro.

Ahora bien, cuando se hace referencia al compendio de juegos y juguetes tradicionales de un país, se piensa irrevocablemente en la historia del mismo.  Cada actividad u objeto recreativo tradicional es autóctono de un territorio, refleja su cultura, costumbres y hasta incluso etapas y procesos claves en el tiempo. Los juegos y juguetes brindan una visión sobre las sociedades en las que se ha documentado su uso.  No es en vano, entonces, que la colección de juegos y juguetes tradicionales de Venezuela y Colombia compartan de igual forma su esencia y que no sean pocos los que tienen en común. Como se hizo referencia anteriormente, estas actividades y objetos sufrieron también del intercambio y formación cultural en conjunto de los países y además sobrevivieron a la acción del tiempo en ambos territorios.

En las dos naciones tanto los juegos como los juguetes tradicionales suelen tener varios participantes, a pesar de que existen modalidades para jugar individualmente, exigen habilidad física y mental, orden y concentración, son de orden imitativo, aportan nociones de lucha y competencia, y se caracterizan por transmitirse entre generaciones por vía oral.  Se ejecutan con pocos recursos y materiales a la mano, se destacan por ser muy divertidos y de alto contenido cultural y reconocimiento popular.

En cuanto a los juguetes tradicionales, un mismo un juego puede ser llamado de distintas formas:

Google (Android 11)Google (Android 11)
MetrasCanicas
PapagayoCometa
TrompoRucho
PerinolaBalero

A pesar de compartir estos juegos y juguetes tradicionales, por supuesto existen algunos otros que solo se llevan a cabo en Colombia o en Venezuela, específicamente. Como, por ejemplo, en Colombia:

El Yermis, consta de dos equipos de al menos 3 personas cada uno, dos pelotas y un mínimo de 15 o 20 chapas de botella. El juego consiste en que uno de los equipos recoja las tapas y arme una torre, mientras son perseguidos y acechados por el otro equipo.


En el corazón de piña, se elige un jugador el cual será el corazón de piña. El resto formará una larga fila. Estos comenzarán a enrollar al corazón de la piña con el objetivo de cubrirla. Una vez que el corazón de la piña esté cubierto los niños cantan: “Enrollamos a la piña y todos se caen” para finalmente dejarse caer al piso.

  • Existen también el: tingo, tingo, tango; oba; cinco huesos; cuatro, ocho y doce; que pase el rey; rana; mamá vieja; el fusilao; tejo.

Colombia y Venezuela gozan de un abundante repertorio de correspondencias y resonancias, entre movimientos culturales, lúdicos, artísticos, literarios y tendencias. Ambos países, por medio de sus cultures, gastrónomos, escritores y personalidades dialogan y a la vez se confrontan.

Estas tradiciones y agentes que las promueven, mantienen viva la llama de relación colombo-venezolana y remueven el afecto, imaginación, creatividad y receptividad entre ambas naciones. Mientras el norte sociopolítico se ha desviado para cada país, pareciera que lo que aún los atiene es su integración cultural e ímpetu por mantener la cultura que tanto los diferencia y une, como países hermanos.

Por eso, qué más que las actividades recreativas y los juguetes tradicionales para investigar, difundir y promocionar el arte popular que comparten y enseñar a los niños que el mundo como el juego, es un balance entre el éxito y el fracaso, el esfuerzo y el entretenimiento, la felicidad y la tristeza, el aprendizaje y la fantasía.