Juegos tradicionales en Venezuela

Mariana Dávila

En la competencia inocente y no lucrativa, en la repetición de los cantos, en la musicalidad de los saltos, carreras y rondas y en la construcción de artefactos y manualidades se escurre la huella cultural de una nación.

Desde temprana edad los niños son agentes culturales, transmisores de costumbres, perpetuadores de tradiciones. Lo que para en un momento es diversión y distracción, estímulo, elaboración y aprendizaje, en el futuro es identidad.


El trompo, posee forma torneada semi-circular de madera o plástico y una punta metálica. Se juega enrollándole una cuerda alrededor y lanzándolo al suelo, haciéndolo girar sobre su propio eje.


El juego tradicional es una constante reflexión sobre lo soberano. La memoria histórica se propaga y se reactualiza a través del juego, delinea la formación del niño y muestra el complejo imaginario cultural que lo atraviesa y su actuación dentro de un colectivo determinado y fuera del mismo. 


La perinola, formada por dos partes, una superior o cabeza y una inferior o base en la que debe insertar la primera. El juego es simple y consiste en encajar dicho casco o cabeza en el palito o base la mayor cantidad de veces posible y con mucha rapidez.


El juego tradicional nace de los afectos, de lo primario y elemental, de la unión con el Otro y el deseo de pertenecer a un lugar o comunidad. Es parentesco y arraigo; vivencia consciente de la tradición y sobre todas las cosas, unidad, puesto que sin importar zona geográfica, origen, situación económica y educativa, sexo, edad, iguala, en este caso, a los habitantes de un país y de un mismo tiempo cultural. 


Los muñecos de trapo, son hechos de tela personificados que captan la esencia de una época, circunstancia o situación histórica venezolana. Son parte de la identidad cultural y su fabricación requiere de mucha dedicación y esmero.


Los juegos y juguetes tradicionales de Venezuela datan de más de 100 años. Según investigaciones, algunos incluso provienen de la herencia indígena y afrodescendiente, pero han sido sometidos a cambios según el contexto y la época. El juego tradicional se convierte entonces en un hervidero cultural de Venezuela y de la fuerza extranjera y aborigen que la influenció; es, entonces,  espacio de encuentro, escenario ideal para construir bases sólidas y dar a conocer contenidos y códigos de lo venezolano.


El gurrufio, consta de una lámina circular de madera, lata o plástico, en la que se hacen dos agujeros por los cuales se pasa una cuerda. Se toman ambos extremos de la cuerda, se agitan en el aire de modo que formen círculos y al estirarse, ambos lados producen sonidos como un silbido.


El imaginario popular de Venezuela en cuanto a sus juegos y juguetes es muy rico en valores culturales. Estos son la semilla de su soberanía y artefacto de resistencia cultural frente a la avasallante digitalización y fuerza de la globalización.


El yoyo, posee dos partes circulares unidas en el medio por una pequeña cuña cilíndrica que las mantiene separadas a una corta distancia y de la que se enrolla una cuerda. El objetivo de este juego es hacer un movimiento ascendente y descendente con la cuerda mientras está enrollado a un dedo. 


La venezolanidad se caracteriza por su reinvención, iniciativa, creatividad, ingenio y resiliencia y sus juegos y juguetes no están exentos de esto. Las actividades tradicionales que los niños venezolanos llevan a cabo en su tiempo libre suelen ser muy variadas, dinámicas, activas y participativas. Algunas exigen mayor destreza física o mental, mientras otras no tanto. Gozan de escasa intervención tecnológica, sus reglas de juego son sencillas y en su mayoría pueden ser ejecutadas con pocos recursos (objetos caseros, reciclados o extraídos de la naturaleza), y además, cuando y donde quieran. Entre ellas se destacan cortas y divertidas canciones de mucha sonoridad, ritmo y musicalidad en sus estrofas; las llamadas rondas o ruedas, que suelen hacerse en grupos, tomados de la mano y con juegos de canciones de repetición, como A la rueda rueda, Damiana, Yo tenía un castillo y la reconocida Arroz con leche.


Las metras, son bolitas de plomo, vidrio, porcelana o, en su defecto, barro y madera, que se hacen rodar sobre el suelo para chocarlas entre sí.


Asimismo, se tienen también los juegos de baile, que se tornan competencias, como lo son Currumbanco y La Señorita; las famosas piezas para contar o elegir suerte, de índole competitiva y azarosa a su vez, de gran sonoridad y humor, como lo son Tin-Marín-de-dos perihuelas y Una, dona, tena, catona; los de orden más físico como los juegos de correr y de saltar, como El gato y el ratón, La vieja y Arriba la barca, y finalmente los de estrategia, como serían la perinola, el trompo y las metras. 


El papagayo, consta de una estructura de madera de poco peso que se cubre con una tela liviana, papel de seda o plástico. Se le amarra una cuerda y se le hace volar con la fuerza del viento. En ocasiones, se le agrega una cola de tela que le brinda mayor estabilidad.


En el año 2004 el extraordinario escritor y cuentista larense, Salvador Garmendia, publicó Mi familia de trapo, libro infantil ilustrado por Lilian Maa’Dhoor y Teresa Mulet, y editado por Playco Editores, en el que se retrata la vida de una familia de muñecos de trapo.

Es importante destacar que estos juguetes tradicionales venezolanos con el paso del tiempo se modernizan y se les atribuyen diseños y materiales de la época actual, factor gracias al cual aún se mantiene su vigencia y uso entre los niños. 

Juegos recreativos

Existen infinidad de variantes de estos juegos y juguetes, que no solo dependen de la edad de los niños participantes sino de sus recursos, contexto y creatividad. Tanto los juegos como los juguetes tradicionales mutan para sobrevivir frente a los videojuegos y plataformas digitales. 


En el escondite, un jugador cuenta hasta, por ejemplo, 30 segundos, en voz alta, mirando hacia la pared. Mientras cuenta, los demás jugadores se esconden en diferentes áreas del lugar donde estén jugando. El reto es que el niño que contó, encuentre a sus amigos en el menor lapso de tiempo posible. El último en ser encontrado, gana la partida.


La gran mayoría de estos juegos y juguetes tradicionales venezolanos son de índole colectiva-participativa, sin embargo, pueden llevarse a cabo de forma individual. Es así como muchas veces la interacción no solo con los participantes de un juego, sino también la elaboración del juguete, como por ejemplo, el papagayo, forma parte vital de la experiencia. El proceso emocional y cognitivo al que se entrega un niño al participar en dichas actividades se rememora invaluablemente con el tiempo, puesto que aprenderán los primeros pasos para poder convivir en grupo y combatir lo que se les presente en la vida real individualmente. 


En las Carreras de saco, los participantes cubren sus piernas con unos sacos o telas que deben sostener con sus manos. Para avanzar solo es válido saltar, sin soltar el saco. El primero en llegar a la meta es el ganador.


Los juegos tradicionales se vuelven para los niños un simulacro del mundo que les tocará vivir en los próximos años y para los adultos un recordatorio de su cultura y acervo histórico aprendido por medio de lo lúdico.


También son comunes juegos como la vieja (o pise), saltar la cuerda, la zaranda y hasta cantos de rondas, como la gallinita ciega, las bolas criollas y la papa caliente.


La manera en que se relacionan los niños con lo que juegan y la manera en que los afecta, los irá formando como seres humanos pertenecientes a una sociedad y cultura.


En el Palo encebado,  un grupo de participantes intenta trepar un palo o poste que ha sido previamente engrasado para aumentar la dificultad de la hazaña.


Modelará su relación con lo diferente, con las generaciones anteriores y por venir, definirá la posible adaptación que tengan frente a las distintas circunstancias y dificultades de la existencia y a aprender a ver y soñar.


En el Palito mantequillero, un niño esconde un palo, varita u otro objeto y el resto debe buscarlo. El niño que sabe la ubicación del objeto, da pistas a los participantes usando la palabra caliente, cuando están cerca y frío, cuando están lejos.


No solo se crece jugando, sino también dejando en alto el sentido de pertenencia, el orgullo de la identidad, responsabilidad y reconocimiento ambiental y natural de una nación, en este caso, de Venezuela.