Las cuadrillas de San Martín en mi recuerdo

LR

Carlos Rojas Hernández

Revista Anaconda/N°5/2004/19-26

La gestación de América Latina a caballo

Este texto fue publicado en la revista Anaconda en 2004. Aquí su autor, Carlos Rojas Hernández, nos deja claro el punto de partida para cabalgar una de las tradiciones llaneras más antiguas del continente: “San Martín de los Llanos, cuya fundación data de 1585, ha sido siempre punto de referencia en la historia de la llanura colombo-venezolana. Enclave colonial imprescindible para el establecimiento de las primeras formas de producción ganadera, fue un hito en la ruta pecuaria que iba desde los llanos de San Juan, en las estribaciones de la sierra de La Macarena, hasta los mercados del interior. Poco sabemos de su historia en esas primeras épocas del poblamiento de los llanos del Orinoco que, según cuentan las crónicas, posee una de las tradiciones populares más significativas en la historia cultural de la Orinoquia: Las cuadrillas de San Martín.”

Dos elementos unen la línea que se traza para describir “las cuadrillas”. Una coreografía a caballo con sus distintivos “actores”, y la vida independiente de esta tradición heredada por familias a través de los siglos.

 

Algunas veces, ni siquiera la condición de sanmartinero ha sido exigencia para la admisión como nuevo cuadrillero; la flexibilidad de las normas ha sido en ocasiones la única salida para la conservación de las costumbres populares.

Como en todas las tradiciones carnavalescas de origen europeo que subsisten en América, los festejos de Las Cuadrillas son también un espacio para el desborde y el exceso catártico. Para los cuadrilleros, en su día, todo estaba permitido.

 

 

En los apartados Un juego a caballo y En torno a los rituales se argumenta la supervivencia de esta expresión:

Un juego a caballo. Como una enorme coreografía ecuestre, en la cual participan cuatro comparsas: los cachaceros o negros, los guahibos o indios, los galanes o españoles y los moros o árabes. En la simbología del juego, cada una de las cuatro cuadrillas tiene un atuendo y un color característicos y representan a los cuatro actores principales en el proceso de gestación de la América Latina: los moros, la España colonizadora, el África esclava y la América indígena.

Cada cuadrilla está integrada por un total de doce jinetes. El juego de hombres a caballo, el ejercicio de caballería, no podía darse sino en un pueblo del llano donde tal tradición se arraigó firmemente.

 

Los vistosos entrecruzamientos de las cuadrillas de jinetes, denominadas actos, son diez. Cinco de ellos, llamados El Desafío, El Saludo, Las Alcancías, El Peine y las Medias Plazas, son juegos de guerra en los que se recrean las luchas de españoles y africanos con árabes y nativos americanos. Los actos restantes, Las Oes, El Caracol, La Culebra, El Paseo y La Despedida, son juegos de paz que muestran el proceso de acrisolamiento de la raza afroiberoamericana, producto de la simbiosis pluricultural que se gestó en América.

 

La cuadrilla de los cachaceros, representantes de África, cubre sus cuerpos tiznados con máscaras rituales confeccionadas con pieles de animales y dientes de fieras, monta caballos negros y porta banderolas del mismo color. Los galanes, que en el juego representan a los conquistadores españoles, montan caballos blancos o moros, visten calzón blanco, polainas y casaca negra cruzada de tahalí blanco y portan espadas, floretes y banderolas del mismo color. Los guahibos, representantes de los nativos americanos, montan caballos alazanos, melados o castaños; visten pantalón negro, cotón rojo sobre franela rosada y lucen collares de dientes de fieras y un tocado de plumas de pavo real y otras aves exóticas; portan, además de sus banderolas rojas, arco y bodoques, como denominan las flechas de punta roma, elaborada en cera de abejas, y pintan sus rostros con achiote. Los moros representan en el juego a los árabes que ocuparon la península ibérica durante siete siglos, montan caballos bayos o amarillos, van vestidos con tocados de turbante, cimitarra al cinto, babuchas orientales y portan banderolas amarillas.

Vale la pena destacar que las cuadrillas nunca han contado con la presencia real de indígenas o negros. En la zona de San Martín no tuvo asiento el esclavismo, a diferencia de lo que ocurrió en el llano venezolano, o en algunas regiones de Casanare donde hubo negros esclavos trabajando en las haciendas jesuíticas. Aunque en la región subsistían comunidades indígenas, la cuadrilla de los aborígenes tampoco tuvo a uno de éstos entre sus integrantes. Dentro del juego, los indios y los negros son representados mestizos sanmartineros.

 

Las cuadrillas son juego de hombres. Con sólo una muy recordada excepción, no ha habido en ellas participación de mujeres. Las asociaciones con el proverbial machismo llanero son fáciles. Sin embargo, cabe recordar también que Las cuadrillas son un espectáculo del Medioevo europeo, una representación teatral de los tiempos cuando no era permitida la presencia de mujeres en la escena,  y los personajes femeninos debían ser interpretados por hombres.

 

En torno a rituales. ¿Qué razones motivaron a esta comunidad sin mayor grado de instrucción a perseverar, año tras año, tan rigurosa puesta en escena?

En parte, parece haber sido la significación religiosa de Las cuadrillas. El evento se realiza todos los 11 de noviembre como homenaje a San Martín, patrono del pueblo (los viejos cuadrilleros recuerdan que en el pasado también se jugaban los 25 de diciembre). El juego de las cuadrillas era también una empresa colectiva; las tareas involucraban prácticamente a toda la comunidad. Desde muchos días antes comenzaban los preparativos: conseguir las pieles para refaccionar los trajes usados de los cachaceros y confeccionar otros nuevos; recolectar las semillas de cucaracho para la reparación  de los collares y cascabeles que se colocan en los pies y las pecheras de los caballos; ensartar en los collares los colmillos de tigre, león y caimán recogidos a lo largo del año: remplazar las plumas de pavo real estropeadas en los tocados de los guahibos y preparar la tintura de achiote con la cual se pintan el rostro y remendar y retocar las banderolas y guirnaldas, guardadas celosamente durante todo el año por los jefes de cuadrilla.

 

La tradición regional dice que desde su creación en 1785, las Cuadrillas se han realizado año tras año con sólo dos interrupciones: una en los tiempos de la guerra de la independencia, durante la cual, dicen las crónicas, hombres y caballos marcharon en los ejércitos de Simón Bolívar, y otra durante la guerra de los Mil Días porque numerosos sanmartineros integraron las huestes liberales en contienda. En el pasado reciente se dio una interrupción ampliamente documentada: la de los años de la violencia política en la década de los cincuenta, época durante la cual  Las Cuadrillas no se realizaron durante tres años consecutivos.

 

Colofón.

Lejos estaban los antiguos cuadrilleros de comprender el significado de los entrecruzamientos ecuestres y las amalgamas de pendones y trajes que año tras año se representaban sobre el enorme escenario de la Plaza de Cuadrillas; pero algo en su sensibilidad de gente llana los llevó a intuir -para nuestra fortuna- la trascendencia de este hermoso legado, tesoro del alma y el corazón de los sanmartineros.

Rojas Hernández es arpista, compositor e investigador de la tradición cultural llanera colombo-venezolana, fue nominado como artista por el Grammy (en 2004) al mejor álbum tradicional World Music, por su trabajo, Sí, soy llanero. Reconocimiento que revela su conocimiento.

 

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