Santos Patronos

Mariana Dávila Arzola

Es bien sabido cómo la tradición popular venezolana, y por consecuencia su calendario festivo, guardan una estrecha relación con las creencias de la religión católica implementadas por la colonia española. Sin embargo, a través de los años, tanto las comunidades indígenas como los negros esclavos pertenecientes a la región, se apropiaron de dicho calendario y resemantizaron dichas festividades tomando en cuenta elementos propios de sus culturas, creando así una expresión única de la religiosidad popular en Venezuela. No cabe duda que entre las celebraciones más interesantes y sincréticas de dicho país se encuentran los Santos Patronos.

En el mes de junio luego de que se les da paso a los Velorios de la Cruz y los Diablos Danzantes de Corpus Christi, tienen lugar las extraordinarias y alegres celebraciones de San Antonio, San Juan, San Pedro y San Pablo, fiestas rituales tradicionales de mayor asentamiento en Venezuela. “Estos cuatro líderes de la Iglesia desembarcaron en América junto con las devociones, ritos y costumbres de los conquistadores europeos y en las sociedades del Nuevo Mundo sus respectivas fiestas se arraigaron al mestizarse con los aportes indígenas y negroafricanos”.

Al llegar a tierras venezolanas muchos de ellos comandaron cofradías integradas por negros y mulatos, y otros sirvieron de guías espirituales para la población negra y sus descendientes. Sus fiestas se caracterizan por la música al ritmo del tambor, la embriaguez, la soltura y el derroche de energía, así como también por la mezcla de creencias mágicas y artes adivinatorias con la fe religiosa.

Para iniciar las fiestas en torno a los Santos Patronos, el 13 de junio se celebra la devoción a San Antonio. Esta celebración es una de las más antiguas instauradas durante el período colonial. En la totalidad del país se invoca al santo en búsqueda de salud y prosperidad de las cosechas y para propiciar vínculos amorosos y recuperar personas y objetos perdidos. En las comunidades donde se conmemora por tradición la fiesta, acude gente de poblados vecinos a cumplir con el pago de promesas y demostración de fe. De manera especial, se celebra en numerosas poblaciones del estado Lara como El Tocuyo, Curarigua, Sanare, Barquisimeto, San Antonio, Carora, y en poblaciones limítrofes a los estados Portuguesa, Yaracuy y Falcón. El pueblo larense, por ejemplo, expresa su devoción al santo por medio del baile ceremonial del Tamunangue:

…una bellísima suite de danzas que se ejecuta frente a la imagen venerada, en cumplimiento de promesas por los favores recibidos. La noche de la víspera se lleva a cabo el Velorio del Santo, y frente a un altar engalanado con flores, los devotos entonan la Salve, rezan oraciones y cantan en una fiesta que suele prolongarse hasta el amanecer. Al día siguiente, una vez que la misa ha concluido, los cohetes y el repique de las campanas anuncian que es el momento de sacar la imagen del santo de la iglesia para ofrendarle los sones del Tamunangue.

 

SALVE

Dios te Salve, Reina Madre
de misedicordia
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te Salve,
a ti llamamos
los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos.

 

A esto sigue “la Batalla”, parejas de participantes en su mayoría hombres que ejecutan un complejo juego de palos o garrotes simulando un combate. “La Batalla” simboliza el fin del recorrido de la procesión y señala la congregación del grupo ante la imagen del santo, normalmente colocada en un altar callejero al lado de un templo para así dar inicio al baile ritual.

 

LA BATALLA

Padre mío San Antonio
dónde estás que no te veo,
yo vine a cantar con él
y me voy con los deseos
Ay tomé ay tomé ay tomé
y me voy con los deseos.
Qué querés con San Antonio
que lo estás llamando tanto,
San Antonio está en el cielo
junto con los otros Santos
Ay tomé ay tomé ay tomé
a adorar a San Antonio, ay tomé.

 

La secuencia de los sones bailables que siguen al canto de la Salve y la Batalla son generalmente: La Bella, El Yiyivamos, La Juruminga, La Perrendenga, cuya estructura musical guarda semejanzas por la forma responsorial y las voces empleadas en el coro; esta secuencia tiene variantes en el orden en algunas regiones; el Poco a Poco, que siempre se inicia en medio del entusiasmo general y por el carácter burlesco de las dramatizaciones; el Galerón y el Seis Corrío o Figuriao, asociados en su estructura rítmica a géneros musicales de la región llanera. Entre los instrumentos que conforman la celebración del Baile de los Negros de San Antonio o Tamunangue están los cordófonos: cuatro, requinto, cinco y medio cinco, el tambor tradicional tamunango y las maracas. Los cantos son en su mayoría de carácter responsorial y presentan entonaciones en falsete y se guían y alternan haciendo alusión a la acción ejecutada por la pareja bailadora.

 

LA BELLA

En el nombr’e Dios comienzo
a pintar un ángel bello
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.
Desde la punta del pié
hasta el último cabello
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.
Porque la pena y el llanto
hasta el cantar me privó
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.
Me voy, me voy,
yo vine por ver no más
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.
Mirame no me miréis
Ojos de garza morena
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.
Porque la mirada´tuya
son martirio pa’ mis pena’
Ay bella bella,
a la bella bella y bella va.

EL YIYIVAMOS

Ay yiyivamos
Oé bangué
Echale el brazo
Oé bangué
Tráela pa’ca
Oé bangué
Casa e’ San Antonio
Oé bangué
¡Arriba negro!
Oé bangué
¡Zapatéalo pues!
Oé bangué
De media orilla
Oé bangué
De medio laó
Oé bangué…
No tenga miedo
Oé bangué
Que no es su hermana
Oé bangué
¡Arriba negro!

LA JURUMINGA

Jurumiga no má’
Tumbirá
Ah negro bueno
Tumbirá
Arriba negra
Tumbirá
Echala pa’cá
Tumbirá
Llévala p’allá
Tumbirá
Una morisqueta
Tumbirá
La vuelta entera
Tumbirá
Ah negro bueno
Tumbirá
De San Antonio
Tumbirá

LA PERRENDEGA
Bailame la Perrendenga
Tomé ay tó
Bailamela bien baila
Tomé ay tó
Dos pasitos para adelante
Tomé ay tó
Dos pasitos para atrás
Tomé ay tó

EL POCO A POCO
Asíi!
Es Poco a Poco
Asíi!
Arriba Negro
Asíi!
Pégale Negra
Asíi!
Sóbale el lomo
Caballito
Asíi!
El burro Chueco
Asíi!
Espaletao
Asíi!
Ahí le vienen
Asíi!
Los calambres
Asíi!
Sóplale el ojo
Asíi!
Que se te muere
Asíi!
Se está muriendo
Asíi!

GALERÓN

Ay lalalai, lalalai
Galerón, Galerón
Galerón, Galerón
Yo salí de San Felipe
a las ocho’ e la mañana
y me entretuve cantando
entre Cocorote y Guama
Baila el galerón
Zapatea’l galerón
Corre, corre, corre,
corre, corre, galerón

 

En su principio, se decía que en las fiestas en honor a San Antonio, se realizaba el Tamunangue para manifestar agradecimiento por las lluvias, y por consecuencia, las buenas cosechas. Hoy en día se tiene la creencia de que “sintetiza el aprendizaje de las normas socializadoras que rigen a la mujer y al hombre, pues representa simbólicamente el desarrollo de la pareja y las convenciones sociales que pautan su interacción”.

 

Otro de los santos que logra más devotos a lo largo y ancho del territorio venezolano, es, sin duda, San Juan Bautista, el llamado Rey del Sangueo. Al igual que San Antonio de Padua, en Venezuela la fiesta de San Juan se remonta a la época de la Colonia, y su origen está ligado a la llegada de los esclavos traídos de la costa occidental de África y de las Antillas, a trabajar en las haciendas caraoteras de la región de Barlovento. Las celebraciones eclesiásticas a los santos se fueron a arraigando y a su vez tomando su propias características pluriculturales, debido a la agrupación de cofradías y hermandades en torno al Santo. Al pasar el tiempo, la devoción a San Juan propició la reducción del régimen colonial y formó refugios de reintegración étnica, dando pasó a la celebración que es hoy en día, una gran fiesta en la calle que simboliza el sincretismo acendrado y que dura desde la noche hasta el amanecer.

Los lugares donde se conmemora especialmente San Juan son en el estado Vargas en las zonas de Puerto Cruz, Naiguatá, Todasana; en el estado Miranda: Guatire, Guarenas, Higuerote, Río Chico; en el estado Aragua: Choroní, Chuao, Cuyagua; en el estado Carabobo: Patanemo, Borburata; y en localidades de los estados Guárico, Trujillo, Falcón, Lara, Sucre, Cojedes, Nueva Esparta, Yaracuy, Mérida y Portuguesa.

LA CUCHARA
(danza en honor a San Juan que se baila en localidades del Litoral Central como La Sabana y Chuspa)
Solista María estaba lavando
Coro Dámelo toito
Solista Y se le cayó el jabón
Coro Dámelo toito
Solista Se metió la mano abajo
Coro Dámelo toito
Solista Y se acabó el pelotón

 

El 23 de junio, generalmente es el día consagrado al Velorio de San Juan, y se lleva a cabo ante los adornados altares donde se encuentra la imagen, frente a la cual se canta y se baila durante toda la noche al ritmo del tambor. Luego muy temprano el 24, es llevado y acompañado por sus seguidores hacia la iglesia. Al terminar la misa arranca de nuevo el repique de tambores, se hace un recorrido por el pueblo, los presentes agitan como mariposas las banderas y pañuelos multicolores que poseen y visten las mujeres y niñas faldas floreadas, los hombres sombreros, y alguna prenda de color rojo, manifestando así su gran devoción al santo.

Bailan parejas al son de la música y caracterizan entre ellos bailes eróticos provocadores, y finalmente se dirigen hacia la casa desde donde salió el santo para celebrar mediante bailes, música, cohetes y bebidas. En el estado Yaracuy por ejemplo, el día 25 se realiza el Encierro de San Juan y luego de oficiada la misa para despedir al santo, su imagen es sacada del templo y llevada a las calles del pueblo. En las costas aragüeñas, se acostumbra a celebrar el Encuentro de San Juanes, una hermosa procesión marítima que concluye en Ocumare de la Costa junto a todos los Sanjuanes, los grupos de cada pueblo y sus cantos y bailes al ritmo de los tambores. La música que caracteriza las fiestas en honor a San Juan se conoce como golpes. Las letras de las canciones, muchas veces improvisadas, hacen referencia a la vida, la esperanza y el amor y se alternan entre el solista y el coro.

LA COCHINA
Solista La Cochina
Coro ton ton!
Solista ‘tá maluca
Coro ton ton!
Solista tiene pelos
Coro ton ton!
Solista en la nuca

En la región occidental, se hacen los cantos de sirenas, cantos a una sola voz y acompañados solo de un ritmo cadencioso de tambor conocido como sangueo. Los principales instrumentos que dan el ritmo de las celebraciones en honor a San Juan son los tambores afrovenezolanos, la guarura o trompeta de caracol y las maracas, y en la región de Barlovento: el tambor mina, el tambor cumaco, la curbata, el tambor redondo o culo e’ puya. Así como el Niño Jesús, San Juan es el único santo al que se le celebra el nacimiento. “Desde sus orígenes esta celebración ha estado vinculada a creencias relativas a la fecundidad y a los cursos del agua” (Atlas de Tradiciones Venezolanas 45). También se asocia a creencias en torno a la buena suerte y la predicción del futuro. San Juan se conoce como un santo que logra sincretizar ritos religiosos, expresiones europeas y tradiciones afronegroides para así moldear una expresión cultural y un sentimiento de pertenencia en la comunidad.

Para finalizar el mes de junio, se encuentran las celebraciones de San Pedro y San Pablo. El 29 de junio de cada año, las poblaciones mirandinas de Guatire y Guarenas se visten de gala para festejar la Parranda de San Pedro, una manifestación divertida que data de una tradición entre los siglos XVII y XVIII, durante la época de la esclavitud. La celebración comienza en la víspera del día de San Pedro, con una serenata ante las puertas de la localidad. Al día siguiente, la imagen del Santo es conducida desde la casa de un seguidor hasta la iglesia donde se dará una misa en su nombre. La parranda está compuesta por los Sampedreños, los Tucucitos y otros personajes que rodean a María Ignacia, la figura central del cortejo. Entre ellos se encuentran:

El abanderado luce sombrero de copa, pañuelo al cuello, paltó negro, pantalón y alpargatas; lleva una bandera con la inscripción de las letras que identifican la parranda. El Cargador del santo viste igual que los demás parranderos y conduce la efigie adornada con flores. Los Sampedreños Danzantes van trajeados de levita y pumpá, y calzan cotizas de cuero.

Cortesía de Alba Ciudad, Silvino Castrillo

El personaje de María Ignacia está representado por un hombre vestido de mujer con falda floreada, blusa de mangas largas, un sombrero de cogollo y alpargatas; lleva rostro embetunado y tiene un bulto dentro del camisón para simular que está embarazada. Conduce en brazos una muñeca de trapo negro, la cual representa a su hija Rosa Ignacia.

Los Tucusitos son dos niños que acompañan a la negra María Ignacia en la parranda. Lucen en la cabeza un gorro de seda bicolor; amarillo y rojo; llevan puestas blusas con mangas largas y pantalones de los mismos colores. Cada uno de ellos sostiene en la mano un banderín de tafetán o papel de seda bicolor. (Atlas de Tradiciones Venezolanas 48)

A partir de las danzas y cantos propiciados por los Sampedreños, se inicia el recorrido para visitar las casas de la comunidad, y se esperan obsequios como bebidas y dinero en efectivo de parte de la comunidad a los realizadores de los bailes y dramatizaciones. Las coreografías son conducidas por los cantores, quienes apoyan la música entonada por los cuatros y maracas. “Finalmente, se dirigen a una casa donde se le ha preparado al grupo un plato de comida criolla conocido como tropezón, elaborado con caraotas blancas, cerdo, cazabe y yuca.” (Atlas de Tradiciones Venezolanas 48). La voz popular sostiene que en la época de la Colonia una esclava llamada María Ignacia tenía a su hija enferma. Como su esposo Domitilo trabajaba en la cosecha, no le quedó de otra que rogar de rodillas a una imagen de San Pedro que se encontraba en la hacienda. María Ignacia prometió al santo rendirle tributo cada 29 de junio con tal de que su hija Rosa Ignacia recuperara su salud. Horas más tarde de la petición, la niña sanó y la madre poniéndose a cantar alabanzas de agradecimiento al santo por todo el poblado, la sostuvo entre sus brazos. Cuenta la leyenda que María Ignacia murió luego de varios años de pagar promesa. Obedeciendo la promesa hecha a su mujer, Domitilo tomó su lugar en la celebración. Es por esto que el lugar más importante de la parrando lo ocupa un hombre caracterizado por María Ignacia. La celebración de San Pedro tanto en su celebración religiosa como en hecho histórico, contribuye a la valoración del patrimonio vivo venezolano y el fortalecimiento de identidad de Venezuela como nación multicultural y sincrética.

Bibliografía

Revista Bigott, Número 11, año 6, 1987.

Revista Bigott, Número 12, año 7, 1988.

Revista Bigott, Número 30, Abr – May – Jun 1994.  

Atlas de Tradiciones Venezolanas, 3era edición. Editorial Fundación Bigott, 2005.